Tú eres la puerta, el camino y la luz

Hace unos días llegó a mis manos esta revista. Me llamó la atención el artículo de ‘comparte tus ideas’ en la que personas como Simón Ruiz compartían sus experiencias.

Mi nombre es Míriam, tengo 21 años y padezco distrofia muscular. Empecé a padecer los síntomas cuando tenía catorce años y nunca habría imaginado cómo esto perturbaría mi vida. Me sentía presa de mi propia cárcel, la cárcel de saber y no poder seguir adelante, de la soledad impuesta y no deseada. Durante mucho tiempo creí estar en un pozo sin salida, del cual no estaba segura si quería salir. Me avergonzaba, me aislaba. Me sentía triste y sola. Lo que no imaginaba es que esto iba a poner en orden las cosas más importantes de mi vida.

Comencé a ver mi enfermedad como un diamante, un diamante que haría cosas sorprendentes por mí. Me vi más unida que nunca a mi familia (que a día
de hoy sigue siendo un gran apoyo), la palabra fe y vida adoptaron significados totalmente diferentes, poseía una fuerza y vitalidad increíble. Tenía ganas
de batallar contra la distrofia y salir adelante. Y a día de hoy no he dejado de hacerlo.

No pierdo las ganas porque cada vez estoy más segura de que luchar es la única forma de conseguir metas. Casi todo lo que me rodea es todo lo que quiero y necesito. Este año comenzaré la carrera de Educación Especial. He conocido a gente extraordinaria y he aprendido que con fuerza y constancia todo se
puede. Tengo muchos sueños que cumplir y no pienso descansar.

Tú eres la puerta, el camino y la luz.